Carlos II el Calvo

Carlos II de Francia, llamado el Calvo (Fráncfort del Meno, 13 de junio de 823 – Monte Cenis (Avrieux), 6 de octubre de 877), fue rey de Francia Occidental de 843 hasta 877 y Emperador romano de Occidente (Emperador carolingio) desde 875 a 877.

Era el menor de los hijos del Rey Luis I el Piadoso (también llamado Ludovico Pío) y de su segunda esposa, Judith de Baviera, y, por tanto, nieto de Carlomagno.

En el 840, al morir el Emperador Luis I, empezaron de inmediato las batallas entre sus hijos a fin de repartirse el vasto imperio fundado por Carlomagno.

Luis el Germánico, hijo de Luis I el Piadoso en su primer matrimonio con Ermengarda de Hesbaye, se alía con Carlos el Calvo contra el primogénito Lotario I del Sacro Imperio Romano Germánico en la batalla de Fontenoy-en-Puisaye (841), en la cual Lotario es vencido. Los Juramentos de Estrasburgo, primer testimonio escrito en una lengua romance, recogen esta alianza en proto francés y proto alto alemán. El tratado de Verdún en 843 divide definitivamente el imperio, que sólo fugazmente se reunificará.

A Lotario I le corresponderá una faja que abarcaba Italia, los valles del Ródano, del Saona, el Mosa, el Mosela y el curso bajo del Rin: fue llamada por su nombre, la Lotaringia. Conservaba el título de Emperador (aunque sin tener autoridad sobre sus hermanos) y tenía bajo su control las dos capitales imperiales: Aquisgrán y Roma.

A Luis el Germánico se le otorgará la Francia Orientalis o Germania (la futura Alemania), es decir, las zonas al este de la margen derecha del Rin, más la ciudad de Maguncia, en la margen izquierda.

Carlos el Calvo recibe la Francia occidental, Francia Occidentalis (futura Francia), o sea, las cuencas del Escalda, del Sena, del Loira y del Garona.

El Tratado de Verdún, origen de la fragmentación política de Europa que perdura hasta nuestros días, fue concebido como una solución transitoria a este enfrentamiento de hermanos, pero poco después sus estipulaciones fueron cambiando por el encadenamiento de los hechos.

En 869, tras la muerte de Lotario II, hijo de Lotario I, la Lotaringia se reparte entre Francia y Germania. En 875 muere Luis II, también hijo de Lotario I, y Carlos el Calvo es nombrado Emperador, reunificando el Imperio aunque no fuera más que por breve tiempo.

Dislocada la Lotaringia, sólo restaron los territorios que comprenderían los reinos que son la base de las actuales Francia y Alemania, cuyo origen debe buscarse precisamente en la partición de Verdún.

En su reinado, Carlos el Calvo hubo de enfrentar en su territorio las invasiones normandas entre 856 y 861.

El 16 de junio de 877 firmó la capitular de Quierzy, con la que se pretende regular la buena marcha del imperio, estableciendo la heredad de los principados y cargos condales, lo que da paso al nacimiento del feudalismo


Carlota Amalia de Mexico

María Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina (Carlota de Bélgica) Emperatriz de México. Nació en el castillo de Laeken cerca de Bruselas, Bélgica, el 7 de junio de 1840. Fue la única hija del matrimonio formado por el Rey Leopoldo I de los Belgas y la Princesa Luisa María de Francia (hija del rey Luis Felipe I de Orleáns, descendiente de Luis XIII, y de María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, hija a su vez de Fernando I de Borbón, Rey de las Dos Sicilias y de Nápoles).

Ella fue llamada así en honor a la primera esposa de su padre, la Princesa Carlota de Gales, que había muerto durante el parto. Carlota tenía tres hermanos: Luís Felipe, que murió en la primera infancia, Leopoldo II, que después de la muerte de su padre se convirtió en Leopoldo II de Bélgica y el Príncipe Felipe Conde de Flandes. Ella era también prima hermana tanto de la Reina Victoria I del Reino Unido como de su marido, Príncipe Alberto, así como de Fernando II de Portugal.

Su abuela favorita María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, Reina de Francia, era la consorte de Luís Felipe de Francia, y sobrina de María Antonieta. María Amalia era la confidente cercana de Carlota, y durante su boda en 1857, ella llevó una pulsera con un retrato en miniatura de ella. Ellas mantuvieron correspondencia con regularidad, sobre todo más tarde mientras Carlota se encontraba en México.

Cuando Carlota tenía diez años, su madre, Luisa María de Francia, murió de tuberculosis y Carlota fue confiada a la Condesa de Hulste, una amiga cercana de la familia. Aunque joven, la princesa tenía su propia casa pero durante unas semanas al año, Carlota se quedaba en Claremont (casa de campo) con María Amalia y el resto de la familia de su madre en el exilio.

Ella perteneció a la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha que tomó su nombre del diminuto ducado alemán que era la patria de su padre, el primer rey de Bélgica.
El 27 de julio de 1857, Carlota contrajo matrimonio con el archiduque de Austria, Maximiliano de Habsburgo, el idealista hermano menor de Francisco José I, Emperador de Austria, convirtiéndose posteriormente en Archiduquesa de Austria. En la Corte de Viena ella fue muy apreciada por su suegra, que vio en ella el ejemplo perfecto de una esposa de un Archiduque austriaco. Charlotte tuvo aversión a la Emperatriz Elizabeth (también conocida como Sissi, la esposa de Francisco José I). Se dice que la archiduquesa tuvo aversión a la conexión profunda que existía entre la emperatriz y Maximiliano.

Más adelante por presiones de su padre el rey Leopoldo I, se decide darle a Maximiliano el Reino de Lombardía-Venecia. Carlota pasó varios años relativamente felices en Italia como la esposa de Maximiliano mientras el archiduque sirvió como el gobernador de las provincias de Lombardia y Venecia. Aunque Lombardia y Venecia estaban bajo el dominio del Imperio Austríaco, ni Maximiliano ni Carlota tuvieron verdadero poder, y ambos estaban impacientes por papeles más desafiantes en la vida.

Años después la joven pareja aceptó la oferta del trono de México que les ofreció un grupo de conservadores mexicanos (opuestos al gobierno republicano encabezado por Benito Juárez), entre ellos Juan Nepomuceno Almonte. Ellos anhelaban un imperio para solucionar la inestabilidad política de México.
A principios de la década de 1860, Napoleón III de Francia inició la Intervención francesa en México. Francia, impaciente en convertir a México en un Estado satélite, buscó un testaferro adecuado para servir como el emperador nominal de México. Maximiliano aceptó la corona mexicana y la pareja navega para el Nuevo Mundo. La pareja imperial fue coronada en la Catedral Metropolitana el 10 de Abril de 1864 y escogió como su asiento(sede) la Ciudad de México, haciendo su casa Imperial el Castillo de Chapultepec (Miravalle). Como la Emperatriz, Charlotte tomó el nombre de Carlota (en español para Charlotte). Carlota trató de tomar sus deberes imperiales en serio.

El Segundo Imperio Mexicano (1864 – 1867), fue breve y agitado debido a los choques entre la guerrilla republicana y los ejércitos imperiales mexicanos y franceses. Desde el principio los emperadores, no pudieron equilibrar sus políticas liberales con la plataforma de los intereses conservadores que les habían llamado a gobernar. Sólo meses después de la coronación, sin embargo, Napoleón III comenzó a señalar su abandono a Maximiliano. En 1866 Francia, bajo la amenaza de Prusia, la presión de los Estados Unidos y especialmente las derrotas que sufrían frente a los guerrilleros Juaristas, retiró sus tropas. Este obstáculo estratégico fue un golpe fatal a la monarquía mexicana y el Imperio se vino abajo. La situación fue exacerbada por un bloqueo de los Estados Unidos que impidió acudir a los refuerzos franceses.

Carlota, que ya se había destacado como atrevida viajera yendo a la Península de Yucatán para conocer a los mayas y las ruinas de Uxmal en 1865, decidió cruzar el Océano Atlántico en búsqueda de ayuda en Europa en una tentativa desesperada de salvar el trono de su marido, entrevistándose con la nobleza europea en París y Viena, a quienes recordaba en vano el compromiso contraído cuatro años antes; pero el poco éxito de su petición pudo ser una de las razones por las que comenzó a mostrar síntomas de desequilibrio mental, ayudado por los continuos desplantes del emperador francés Napoleón III. Desde Francia, se dirigió a Trieste para descansar y después a Roma, con la intención de conseguir el apoyo papal e inclinar a los conservadores mexicanos a su causa. Acudió al Papa Pío IX, a quien imploraba un concordato para el imperio tambaleante, sin embargo, del Papa únicamente consiguió promesas vagas que la desesperaron. Fue así como Carlota Amalia fracasó en el intento de lograr el apoyo europeo para la monarquía mexicana. Desde ese momento, bajo presión, su locura fue incrementándose, con episodios de lucidez y demencia, agravados (si cabe) por el fusilamiento de su marido. Maximiliano fue aprehendido en Querétaro y luego de ser enjuiciado, se le condenó a muerte. La sentencia se cumplió el 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas.

El presidente de México Benito Juárez supervisó la ejecución de Maximiliano en 1867. (Sus últimas palabras sobre su esposa fueron, según se informa: “¡Pobre Carlota!”) . El Imperio se había derrumbado después de sólo tres años. Sólo meses más tarde se le notificó lo ocurrido a la viuda enferma. El estado mental de Carlota siguió siendo pobre. Su hermano el Príncipe Felipe, Conde de Flandes, la tenía examinada por médicos, que la declararon demente. Ella pasó el resto de su vida en aislamiento, primero en el pabellón (Gartenhaus) de su Palacio de Miramar (cerca de Trieste, Italia), luego en el Castillo de Tervueren y finalmente en el en el Château de Bouchout en Meise, Bélgica donde finalmente fallecería. Durante la Primera Guerra Mundial, su propiedad belga fue rodeada por el ejército alemán, pero la propiedad en sí misma era sacrosanta porque Austria fue uno de los aliados principales de Alemania y ella era la cuñada viuda del emperador austriaco.

Mientras la enfermedad de Carlota progresó, su paranoia se desvanecía. Ella permaneció profundamente enamorada de su marido. Después de su muerte, ella atesoro todos los bienes sobrevivientes que habían disfrutado en común. Se convenció a si misma de que Maximiliano aun estaba vivo y pronto volvería. Se dice que ella durmió con una pequeña muñeca en su cama, quien ella llamó “Max” y llego a decir que tenían una niña llamada Carlota Maximiliana.
El resto de su vida (1867-1927) ella creyó que todavía era la emperatriz de los mexicanos. Jamás regresaría al país que adopto como suyo, México. Moriría 60 años después de su amado esposo, el 19 de enero de 1927, víctima de una pulmonía, como verdadero recuerdo de otros tiempos.

Sigue siendo considerada en México como una figura romantica y trágica, víctima de los ires y venires de la política mundial de su época.

Sus restos reposan en la cripta de la Iglesia de Laeken, lejos de los restos mortales de su marido, que descansan en la Cripta Imperial de la Iglesia de los Capuchinos en Viena.

Existe la teoría de que la causa de la locura de Carlota fue debido a la ingesta de la seta teyhuinti, se dice que Carlota fue con una herbolaria de la Ciudad de México a la cual le pidió ayuda para poder concebir. Llevaba oculta su identidad con un velo, pero la herbolaria la reconoció, como la herbolaria era partidaria de Benito Juárez le dio el veneno.


Constantino IV

Constantino IV (Κωνσταντίνος Δ’) (649-685) fue un emperador bizantino que reinó entre 668 y 685. Logró estabilizar las fronteras del Imperio Bizantino y recuperar parte del prestigio perdido a lo largo del siglo VII.

Constantino era el hijo mayor del emperador Constante II. Fue nombrado co-emperador junto a su padre en 654 cuando aún era un niño y se convirtió en emperador después de que Constante II fuera asesinado en 668 en Siracusa. Sus hermanos menores Heraclio y Tiberio estuvieron asociados con él al trono imperial. Devolvió la capitalidad del Imperio a Constantinopla, que la había perdido durante el reinado de su padre.

El primer reto al que se tuvo que enfrentar Constantino IV fue el rearme del poder árabe. Los árabes habían estado sumidos en los últimos años en una guerra civil del que resultó finalmente triunfante el califa omeya Muawiya I. Los árabes habían acabado su guerra civil y el nuevo Califato Omeya decidió atacar a los bizantinos para derrotarles definitivamente. En 674 la flota árabe atacó Constantinopla por mar sometiendo la ciudad a un asedio que duraría 4 años. Mientras tanto, los eslavos atacaron Tesalónica. En 678 los bizantinos lograron finalmente rechazar el asedio árabe tras emplear el fuego griego contra la flota árabe en la Batalla de Syllaeum. Fue una de las primeras veces que se utilizó esta arma en combate. Los árabes fueron rechazados al ser simultáneamente vencidos en Anatolia. La derrota árabe aumento el prestigio de los bizantinos, que firmaron la paz con el Califato Omeya a cambio de un tributo anual que el califa debía pagar al emperador.

En 680 Constantino convocó el VI Concilio Ecuménico (conocido también como Tercer Concilio de Constantinopla), que reafirmó la doctrina acordada en el Concilio de Calcedonia (451). La mayor parte de los monofisitas, que constituían la mayoría religiosa en Siria y Egipto, habían quedado fuera de las fronteras del Imperio, por lo que no tenía sentido buscar un compromiso entre esta herejía y la ortodoxia cristiana en lo referente a la naturaleza de Cristo. Las doctrinas del monotelismo y el monoenergismo que habían sido creadas como soluciones de compromismo y que los anteriores emperadores habían impulsado como una forma de encontrar la paz religiosa dentro del Imperio, fueron condenadas por el Concilio. Esto permitió reconciliar al emperador con el Papa y el cristianismo occidental que se había opuesto firmemente a cualquier desviación de la ortodoxia acordada en el Concilio de Calcedonia.

A pesar de los éxitos de Constantino IV al lograr la paz con los árabes y la reconciliación con Occidente; no tuvo tanta suerte al defender las fronteras danubianas del Imperio. Los búlgaros eran un pueblo nómada procedente de las estepas rusas que llegaron al Danubio hacia el 670. Durante los años en los que Constantinopla estaba sometida al asedio árabe, los búlgaros se infiltraron al sur del Danubio y se asentaron en el territorio de la moderna Bulgaria, donde sometieron a las tribus eslavas que vivían en la región. Ese territorio pertenecía formalmente al Imperio bizantino, aunque los desastres acaecidos a lo largo del siglo, había dejado extensos territorios de los Balcanes fuera del control imperial. Una vez obtenida la paz con los árabes Constantino volvió su mirada hacia el norte y envió una expedición en 680 destinada a desalojar a los búlgaros del territorio al sur del Danubio. La expedición sufrió una derrota desastrosa y eso forzó a Constantino a reconocer la existencia del Imperio Búlgaro en 681.

Los hermanos de Constantino IV; Heraclio y Tiberio habían sido coronados junto a él como augustos, a demandas de la población, pero en 683 Constantino les cortó la lengua de tal forma que quedaron inhabilitados como posibles candidatos al trono. Ello aseguro la sucesión en la figura de Justiniano II, hijo de Constantino, que fue coronado emperador en 685 cuando su padre murió de disentería.


Constantino VIII

Constantino VIII (en griego Κωνσταντίνος Η΄, Kōnstantinos VIII) (960 – 15 de noviembre de 1028), emperador bizantino (15 de diciembre de 1025 – 15 de noviembre de 1028) era hijo del emperador Romano II y hermano menor del gran Basilio II, que murió sin hijos, dejando el gobierno del Imperio bizantino en manos de Constantino.

En teoría, Constantino fue nombrado co-emperador junto a su hermano Basilio cuando éste asumió el trono imperial en 976 con 18 años de edad, pero durante los 49 años de reinado de Basilio, Constantino apenas participó en los asuntos de estado, incluso aunque Basilio estuviese muy a menudo fuera de Constantinopla en sus campañas militares. El indolente Constantino, que tenía una vida de ocio y sólo aspiraba a llevar una existencia regalada, cedió a su hermano Basilio, el mayor de ambos, todo el poder, reteniendo tan sólo el título de emperador, a pesar de que pudo repartirse por igual con su hermano la herencia de su padre.

Cuando Basilio II murió el 25 de diciembre de 1025, Constantino pasó a ser el único emperador, aunque sólo reinó durante menos de tres años, hasta su muerte el 15 de noviembre de 1028. Asumió el poder a los 65 años edad, y al encontrar lleno de dinero el tesoro imperial, se abandonó a sus placeres. Sabiéndose incapaz de consumir su tiempo en preocupaciones, delegó las responsabilidades en hombres con una gran formación, mientras él se encargaba de todo lo relacionado con las audiencias a los embajadores o del resto de los pequeños asuntos administrativos.

Jamás se mostró excesivamente preocupado por el poder; aunque de constitución fuerte, era débil de espíritu; al hacerse viejo y no poder combatir ya, se exasperaba con cualquier noticia de mal augurio. Su reinado fue desastroso por su falta de coraje. Reaccionaba ante cualquier la menor sospecha con gran crueldad: así, ordenó la ejecución o mutilación de cientos de hombres inocentes. A los pocos meses del comienzo de su reinado, las leyes sobre la tierra dictadas por Basilio fueron derogadas por la presión de la aristocracia de Anatolia.

Constantino era alto, delgado y de buena planta, por contraste con Basilio que era bajo y ancho. Tenía un estómago resistente, y era un experto a la hora de aderezar las comidas, de combinar olores y colores en los platos y de hacer apetitosa cualquier vianda. Aunque no tenía muchos estudios, y sus conocimientos eran muy limitados los conocimientos, estaba dotado de una destreza y gracia innatas y tenía la fortuna de poseer una lengua delicada y elegante a la hora de hablar, con la que deslumbraba a todo el mundo. Sus mayores pasiones eran las carreras de carros y los espectáculos públicos, y su afición por los dados y los juegos de tablero era tal que desatendía los más graves asuntos de Estado. Era también un magnífico jinete, pero cuando llegó a ser emperador único, sufría de gota crónica y apenas podía andar.

Constantino tomó como mujer a una de las más nobles patricias, llamada Helena, hija de Alipio. Esta mujer, hermosa de apariencia y noble de espíritu, dio tres hijas antes de pasar a mejor vida. El Imperio pasó a su hija Zoë y a los maridos e hijos de ésta.


Huayna Cápac el Grande

Huayna Cápac (quechua: Wayna Qhapaq, “rey joven”) fue el undécimo y penúltimo gobernante del incanato.

Fue el primer emperador inca (histórico) no cusqueño, ya que nació en territorio ecuatoriano, en la actual ciudad de Cuenca (Tumibamba en ese entonces), mientras su padre, el entonces emperador Túpac Yupanqui, se encontraba de campaña militar en el actual austro de Ecuador. A su temprana edad tuvo que afrontar dos serios problemas en su ascensión al trono. El primero a causa de las intrigas de serrallo, propiamente de la colla Chuqui Ocllo, que pretendía el trono para su hijo, Capac Huari, que acabó con la muerte de la conspiradora y el apresamiento del joven. Luego se le adjudicaría un Regente (una práctica ya usada en el pasado) para que colabore con él en su formación como emperador Inca. Sin embargo, pronto fue descubierta una trampa para el joven Huayna Capac, planteada por su Regente y su primogénito, quienes trataron de huir pero sin mayor éxito, siendo pronto ajusticiados gracias a la oportuna llegada de su tío Huaman Achachi.

Con un inicio tan agitado empezó el gobierno del nuevo Inca, que básicamente tuvo que dedicar todos sus esfuerzos a consolidar los terrenos conquistados por su padre y sofocar las revueltas de provincias levantiscas. Para esto, asumió el control político y religioso del Imperio, desplazando a Apo Chalco Yupanqui, el vigente Villac Umo. Por primera vez en la época imperial se concentraban todos los poderes en una sola persona. Sin embargo, casi al final de su vida nombra un pariente suyo, Cusi Túpac Yupanqui, como nuevo Sumo Sacerdote del Sol (aparentemente éste es el Villac Umo que corona a Manco Inca y que lo secundaría en sus guerras de reconquista como hábil estratega).

Sus campañas tenían la tendencia a dirigirse siempre hacia el norte. Por un lado, la dura resistencia selvática (pobladores y la naturaleza en sí) les bloqueaba el camino hacia el este, mientras que por el sur y por el oeste ya estaba todo descubierto. Así, el único camino posible era el norte, virtualmente inexplorado y a su vez zona altamente inestable dada la gran belicosidad de sus naturales.

Origen

Nacido en Tomebamba (en la actual Cuenca, al sur de Ecuador), sus primeros años estuvieron envueltos en una serie de hechos muy particulares.

Debido al derecho incaico, tenía que ser reconocido como auqui (príncipe) por las panacas reales del Cusco para poder ser Sapa Inca. Para cumplir este indispensable requisito, Túpac Yupanqui, que se hallaba en la conquista de Quito, se trasladó con la familia real al Cusco. Se dice que a la vuelta de ambos Pachacútec seguía con vida y salió al encuentro de ellos para conocer a su nieto. Parece que el muchacho causó tan buena impresión al anciano y por ello éste pidió que el menor dirija la carga del ejército incaico a la fortaleza de Sacsayhuamán, un acto ritual. Se cuenta que el príncipe hizo tan bien la faena que Pachacútec lo convirtió en su favorito y ello cimentó su futuro encumbramiento como Inca.

Túpac Yupanqui habría nombrado como su sucesor a Capac Huari, pero finalmente se habría decidido por Huayna Capac provocando así la ira de Chuqui Ocllo, madre de Capac Huari. Este hecho parece haber sido el detonante que impulsó a Chuqui Ocllo a envenenar a Túpac Yupanqui. Más tarde ésta declaró que Túpac Inca había cambiado de opinión recién cuando estaba moribundo y con la razón perdida.

Ante este hecho, Huaman Achachi, un general fiel a Túpac Yupanqui (y hermano suyo) ocultó a Huayna Capac y después de muchos pleitos y la enérgica protesta de Mama Ocllo (madre de Huayna Capac) condenaron a Chuqui Ocllo y sus cómplices a la pena de muerte. En cuanto al pequeño Capac Huari, no se le hizo ningún daño debido a su inocencia. Sin embargo, se lo desterró a un lugar apartado bajo la vigilancia de personas de la confianza de Huaman Achachi.

Huayna Cápac, ya declarado sucesor de Túpac Yupanqui, tuvo como Regente a su tío Apo Huallpaya hasta que alcance su mayoría de edad. Más tarde Apo Huallpaya propuso a su hijo al trono argumentando que Huayna Cápac era incapaz para el cargo, Huamán Achachi supo que además Apo Huallpaya tenía intenciones de matar al joven monarca. Apo Huallpaya y su hijo fueron sentenciados a muerte por traición.

Campañas iniciales

Entre las primeras se tiene su incursión al reino de los chachapoyas, que se habían rebelado al poder imperial aprovechando la muerte de Túpac Inca. El Inca se encontraba en los funerales de su madre cuando tuvo noticia del alzamiento y dispuso marchar de inmediato a la región, no sin antes pasar por pueblos históricamente ligados al origen del Imperio, como el de los soras y el de los lucanas, donde fue muy bien recibido. Más tarde marcha a Jauja, donde impartiría sabia justicia, logrando mucha fama regional pese a su corta edad. Después de haber estado en Yauyos, descansa en Cajamarca y se prepara para la larga lucha.

Los primeros choques resultaron favorables a los chachapoyas, quienes hacen retroceder varias veces al ejército imperial. Sin embargo, la política incaica de renovar las tropas dio sus frutos, puesto que una nueva oleada de gente fresca terminó por aplastar a los agotados pero heroicos chachapoyas, quienes ofrecieron paz incondicional. Regresa al Cusco y se encarga de visitar el extremo sur del Imperio (Tucumán, Argentina y las provincias del Contisuyo), para luego volver a la capital y de ahí emprender una rápida campaña a Cajamarca, llegando a la región selvática de los Bracamoros, aunque fue repelido por los naturales y por las condiciones geográficas y climáticas de la región.

Rehecho de su encuentro con los bracamoros, se dirigió a la región de los paltas, que habían dado muerte a los embajadores que dejó su padre. Enterados del arribo del Inca, enviaron espías disfrazados de leñadores, sin embargo, la treta fue descubierta y los espías recibieron castigo más que severo: los más acabaron asesinados, mientras que unos cuantos regresaron con narices y orejas cortadas, mientras otros con los ojos vaciados. Los paltas, ante esto, se rindieron. Finalmente arribará a Quito, previa estadía en su natal Tumibamba (hoy Cuenca), y luego emprenderá el viaje de regreso al Cusco, no sin antes dar permiso para que construcciones de tipo palaciego se puedan levantar en la hoy capital ecuatoriana.

Sus visitas al santuario de Pachacámac fueron constantes y varias veces eran para ver la suerte que correría en una eventual campaña, como la que desarrolló por la costa norte hasta Tumbes.

Rebeliones cerca a Quito y anexión de los Pastos (Sur de Colombia)

Para su visita al litoral emprendió marcha rumbo al santuario de Pachacámac. Para esto recorrió los pueblos de los soras y lucanas, así como la región de los belicosos huancas hasta llegar a la ruta de Huarochirí, por la cual descendió hasta el valle limeño.

Llegado al Santuario, recibió buenos vaticinios acerca de su campaña presente y la posterior, por lo que se dirigió a Tumbes, pasando por el territorio que fuera del Gran Chimú. Para esto tomó varios años, dado que a su paso fue construyendo canales y afirmando tierras de cultivo. Llegado a la región norteña, se informó de la rebeldía del cacique Tumbala, de la Isla Puná, y se dirigió hacia allá. El cacique consultó pueblos vecinos por ayuda, pero como todos ya se habían sometido al Inca, optó por una salida astuta. Fingió pasividad ante el Inca y cuando sus tropas se retiraban en balsas, atacó a la mitad y en la refriega cayeron muchos orejones. Huayna Capac, enterado de ello, montó en furia y él mismo dirigió la carga sobre los punaeños, venciéndolos tras dura lucha.

Campaña al Collasuyo

Más tarde, envió a su tío Huaman Achachi (quien lo salvó del complot durante su infancia) a visitar las nuevas regiones conquistadas del norte, mientras que él se dirigió al Collasuyo. Atravesando el Collao, llegó a la región de los charcas y de ahí, por el Paso del Huasco, llegó a Chile. Una vez ahí, retiró a los gobernantes dejados por su padre y puso en su lugar a los descendientes de los antiguos caudillos regionales, ganando el favor de la región entera. Finalmente regresó al Cusco por Coquimbo, Copiapó, Atacama y nuevamente el Collasuyo. Sin embargo, hallándose en Cochabamba, obtuvo preocupantes noticias del Chinchaysuyo.

Huaina Cápac se dirigió a Chile Central en persona con un poderoso ejército, sometiendo sefiitivamente de los valles desde el Río Aconcagua hasta el Río Cachapoal.

Huacas y Pucarás en Collasuyo

Atribuibles a este monarca sería la serie de Pucará existentes en Aconcagua, Mapocho y Maipo; en especial Chena, Angostura y Merchacas. En cambio las construcciones de Catemu y Cerro Mauco, podrían pertenecer al último tramo del reinado de Topa Inga Yupanqui, cuando el río Aconcagua constituía la frontera austral del imperio.

Expansión hacia el sur en Collasuyo

La expansión hacia el sur fue continuada por Huaina Cápac, que recorrió todo el territorio anexado, especialmente Quillota, Aconcagua y Mapocho. En el Valle de Chile invistió como Curaca (su representante ) a los jefes locales Michimalonco y Tangalonco, dejando en un segundo plano al gobernador inca Quilicanta. Probablemente este Inca organizó definitivamente la extracción del tributo en oro de Marga Marga, que debían enviar anualmente al Cuzco los curaca de Aconcagua, y la división del señorío político del valle en dos mitades: valle superior e inferior, quedando este último subordinado al primero.
Los cayambis y los caranguis habían intentado desconocer el poder imperial y se levantaron contra el Inca. Huayna Capac recogió tropas en la región de los collas y se dirigió con ellas a la capital para hacer un último reclutamiento. Hecho esto, nombró generales a Auqui Toma (Hanan Cusco) y a Michi (Hurin Cusco).

Indicios de decadencia

Preparados para la campaña al otro extremo del Imperio, se dirigió con lo más selecto de sus tropas, contando entre ellas con la colaboración de dos de sus hijos: Ninan Cuyuchi, un hábil guerrero, y un joven pero experimentado Atahualpa. En el Cusco quedarían Huascar y los pequeños Manco Inca y Paullu Inca.

Llegados a su natal y lejana Tumibamba, se levantó el palacio Mullu Cancha, en el cual se ubicaría una estatua de oro de su madre Mama Ocllo, que se dejaría al cuidado de la nación cañari. También se construyó la Casa del Sol y la de Ticci Viracocha Pachacama. Finalmente arribaría a Quito, desde donde despacharía emisarios para ordenar el sometimiento pacífico de los rebeldes, obteniendo una respuesta hostil. Es aquí que, reunido el Alto Mando, se decide lanzar una campaña a la región de los Pastos (Pats Awá o “gente escorpión”), para lo cual se designa capitanes del Collasuyo, quienes afirmaban ser los más capaces para combatir en regiones como esa.

Aparentemente, la afirmación resultó cierta, puesto que la victoria fue sumamente sencilla. Inmediatamente, a la llegada de la noche se dispuso una celebración entre los soldados triunfantes y fue en ese momento que el verdadero ejército de los Pastos cayó sobre los confiados incas, destrozándolos casi por completo. Los pocos que salvaron la vida se fueron replegando hasta que la guardia de los Orejones (que había quedado rezagada) logró defender la retirada. Se dice que aquí se lucieron tanto Ninan Cuyochi como Atahualpa.

Conocedor de los hechos, Huayna Capac decidió enviar esta vez al grueso de su ejército, el cual sin problemas dominó la situación y produjo gran mortandad entre los Pastos, no salvándose ni mujeres ni niños. Dado que era época de lluvias, se replegaron todos a Tumibamba no sin antes haber dejado tropas y representantes en la región.

Previo llamado de refuerzos, se dispuso el ataque a la región de los caranguis. La rendición de la primera fortaleza se logró con muchos apuros. Acto seguido, la mirada se dirigió al reducto principal de los caranguis, en pleno corazón de sus dominios, que estaba defendido no solo por los naturales, sino también por otabalos y cayambis, que les prestaban apoyo. Justamente para evitar más adhesiones a estos, Huayna Capac ordenó que sus principales jefes vayan por los alrededores anunciando que el Inca iba a tomar represalias contra la nación que apoyara de una forma u otra a los sitiados.

Cumplido el cometido, se lanzó el primer ataque a la fortaleza. Un fracaso sonoro sacudiría los cimientos más profundos del Imperio en sí. Se produjo, por primera vez en la historia, la caída del Inca. Su litera, soportada por los Orejones, fue atacada por los cayambis y los cusqueños cedieron, provocando que el Inca impacte duramente contra el suelo. El desconcierto fue total y solo pudo salvar la vida Huayna Capac al ser protegido por 3 de sus más fieles capitanes. Finalmente, los Orejones también apoyarían y lograron poner a salvo al Inca.

Lo que siguió a estos hechos es notable por cuanto el Inca decidió demostrar su enojo hacia sus capitanes y a sus nobles Orejones a través de varias acciones, como disminuirles las raciones de comida o no invitarlos a las fiestas en el campamento. Estos, al verse relegados públicamente, tomaron la imagen del Sol y se dirigieron al Cusco, siendo interceptados por mensajeros del Inca, a los cuales procedieron a capturar. Un último enviado recibió por respuesta: “decid al Inga que su poco apego y el hambre que nos apura nos hacen partir al Cusco”.

Finalmente, Huayna Capac se dirige a los Orejones en persona y les recrimina su actitud. Los Orejones de todas formas prosiguen su marcha y, Huayna Capac en acto insólito, pide que se retire la estatua de su madre, que se hallaba en el templo, para que la pongan frente a los desertores. Hecho esto, una india cañari sale al camino y, haciendo como si estuviera poseída por el espíritu de la Coya, les convence de quedarse. Los Orejones contestan al Inca: “Queremos más ser vasallos desfavorecidos que no hijos inovedientes”. El Inca recurrio a este artilugio para ganar tiempo y organizar un banquete para agasajar a sus capitanes.

Éste hecho es explicado por una arraigada costumbre andina, basada en la reciprocidad: todo Señor andino debía ofrecerles a sus súbditos regalos y favores a cambio de su labor, y Huayna Capac estaba dejando de lado esta obligación para con sus ejércitos, que estaban formados por varios pequeños ejércitos al mando de señores de diversas grupos étnicos. Estos formaban el corazón del Tahuantinsuyo. El Inca tuvo que ofrecerles las acostumbradas ceremonias de petición de favores, para lograr que sus ejércitos volvieran a su mando, antes de iniciar otro ataque.

El ataque a la fortaleza se reanudaría con participación de los Orejones’, que pelearon tan bien que consiguieron ganar 4 de los 5 muros de la misma. Sin embargo, la caída del hermano del Inca, Auqui Toma, obligó a un replanteo de la situación. El mismo Huayna Capac encabezaría las acciones.

El desenlace

Decidido a culminar aquella guerra, se pone al frente de una división. La otra estaría comandada por el general Michi, del Hurin Cusco (uno de los Orejones), y la última estaría compuesta por los soldados del Chinchaysuyo. Estas dos estarían encargadas de atacar por los flancos, a modo de sorpresa, mientras que la división principal sería dirigida por el propio Inca y sería la que habría de llevar el mayor peso en la contienda.

La batalla duraría varios días y, al cabo de un tiempo, el Inca daría la orden de retirada. Sus tropas lo siguieron y tras ellos iban los caranguis, que salieron de la fortaleza con el deseo de aplastar a los incas definitivamente. Justo en ese momento, las tropas que debían flanquear la fortaleza salieron de sus escondites respectivos y las tres columnas atacaron la fortaleza de tal modo que la lograron ganar completamente. Las represalias fueron, al estilo del Inca, muy severas. Como dice el historiador Raúl Porras Barrenechea, Huayna Capac “deseaba ser tan temido que de noche le soñaran los indios”.

Como dato simbólico, se puede decir que Manco Inca reconoció en la táctica que usó Hernando Pizarro contra él en la batalla de Ollantaytambo la que su padre empleó muchos años antes en la tierra de los caranguis. Conociendo bien los pasos a seguir, pudo defender bien la fortaleza y anticipar los movimientos del corajudo capitán español.

Sin embargo, súbitamente el emperador caería presa de una extraña enfermedad. A decir de Garcilaso, el Inca predijo la llegada de misteriosos viajeros que arribarían vía marítima (relato que muestra similitud con la historia chimú arribo de Naylamp en la costa norte peruana). Lo cierto es que el Inca llegó a saber de las naves que estaban explorando el litoral y que murió sin obtener una respuesta certera sobre la identidad de los viajeros. Finalmente, también murió sin dejar un claro indicio sobre su sucesión. El designado, de algún modo, llegó a ser Ninan Cuyochi, un hijo bastardo con gran manejo de las armas, pero que también moriría como su padre. Ante la gravedad de la situación, surge la figura del hijo de la segunda Coya (la primera no llegó a darle sucesión al Inca), Huascar Inca, quien se encargaría de gobernar al Imperio los próximos años.

La figura de Huayna Capac se puede ubicar en la lista de los grandes gobernantes del Imperio, junto a su padre y a su abuelo, mientras que su hijo Huascar Inca representaría la decadencia. Sin embargo, lejos de tanta felicidad, lo cierto es que el Imperio ya había empezado a rajarse momentos antes de iniciarse el gobierno del joven Inca. El atentado de su regente, así como las intrigas de serrallo, pasando por el encumbramiento de las clases militares y terminando en el relajamiento de la nobleza (los pobres trabajaban ya no solo para el Inca y el Sol, sino que también debían trabajar para las familias de los que habían sido incas), eran muestras de que algo ya andaba mal en un Imperio que había crecido desmesuradamente rápido. Si bien Huayna Capac fue muy querido por todos, cometió muchos errores. Tal vez el más grave haya sido el encumbramiento de su ciudad natal, Tumibamba y el de Quito, que terminó siendo uno de los puntos más fuertes para la rivalidad entre ambas ciudades al llegar el reinado de Huascar Inca. Sin embargo, pese a su relajamiento y a su apego por la bebida y las mujeres, no puede negarse que mantuvo sólidamente unido al Imperio (a decir de un conquistador español, “si la tierra no huviera estado dividida, si Guaynacaba no huviera muerto, no la pudiéramos entrar ni ganar”) producto de una gran capacidad de liderazgo, gran voluntad y un admirable arrojo.